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EXTINGUIENDO LA VIDA SILVESTRE





Hugo Alberto Falcón Páez


Educación ambiental, cultura ecológica e infraestructura. La triada para salvaguardar la vida silvestre, la biodiversidad y la naturaleza humana.
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El 3 de marzo celebraremos un descalabro mundial a la vida silvestre. Alerta la ONU que cada 24 horas aproximadamente, se extinguen 150 especies animales. Una ola mayor a la era de los dinosaurios. Por otro lado, tres años de estudio por la plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), han arrojado en base a 15,000 materiales de referencia y evaluación global que los humanos están aniquilando su único hogar.

El informe de mil 800 páginas, y el resumen de 40 páginas indica que en los últimos 50 años, las personas han disparado las emisiones de gases de efecto invernadero, duplicándolas desde 1980, y ha subido la temperatura 0.7°C más. Teniendo un grave impacto en todo ser vivo. El estudio indica que si las temperaturas aumentan en 2°C, entonces el 5 por ciento de las especies estarán en riesgo de extinción provocada por el clima. Precipitando a 16 por ciento si el planeta se calienta 4.3°C más.

Los suelos se están degradando como nunca y han reducido la productividad del 23 por ciento de la superficie terrestre, la contaminación plástica se ha multiplicado por 10 desde 1980. También, descargamos cada año entre 300 y 400 millones de toneladas de metales pesados, sustancias cancerígenas y mutagénicas, lodos tóxicos, solventes y otros desechos en las aguas. Cerca del 25 por ciento de las especies ya están en peligro de extinción, aplica en la mayoría de los grupos de animales y plantas estudiados. Los ecosistemas naturales han disminuido un 47 por ciento en promedio. La biomasa global de los mamíferos silvestres ha disminuido en un 82 por ciento.

Las etnias han sido mermadas con sus costumbres y tradiciones, ya que la naturaleza para los indígenas da un 72 por ciento de deterioro continuo, de los indicadores desarrollados por las comunidades locales importantes. Los bosques tropicales y los humedales en el 2000, conservaban el 13 por ciento de los que existían en 1700. Y nuestras ciudades se han expandido rápidamente, ya que las áreas urbanas se han duplicado desde 1992. Estamos matando especies en mayor número que nunca, ya que un promedio de alrededor del 25 por ciento de los animales y plantas ahora están amenazados.

Una carga más en el Día Mundial de la Vida Silvestre, paralelamente, es triste saber los datos duros mencionados anteriormente. La nobleza es escasa, y los Objetivos de Desarrollo Sostenible están en marcha con sus 17 Alianzas, las cuales incluyen metas específicas para poner fin a la caza furtiva, por ejemplo. La Asamblea General también acordó por unanimidad una resolución para limitar el tráfico ilícito de fauna y flora silvestres. Estas expresiones de la voluntad política y social de poner fin a esos crímenes destructivos, comienzan a traducirse en medidas sobre el terreno que se ponen en práctica mediante esfuerzos colectivos de países de todo el mundo. Pero para proteger ese patrimonio natural esencial para el presente y las generaciones venideras, los principales agentes de cambio deben hacer mucho más, en todos los continentes y en todos los segmentos, gubernamental e iniciativa privada. En particular, es preciso incorporar en los esfuerzos de conservación a las comunidades que viven en estrecha proximidad con la vida silvestre.

Estamos a nada de la extinción de manglares o escualos, de poner fin a la crisis de la caza y pesca secretas que amenazan a algunas de las variedades más emblemáticas del orbe. Para combatir el tráfico de animales protegidos, es fundamental encarar tanto la oferta como la demanda de productos ilícitos, mediante los instrumentos internacionales convenidos, como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Por ejemplo, la matanza de elefantes africanos para obtener sus colmillos y la trata de su marfil, siguen siendo alarmantemente frecuentes. Los elefantes asiáticos también son “asesinados” cada vez. Chitas, pangolines, rinocerontes, tortugas de mar, tiburones, tigres, ballenas y maderas nobles, se ven expuestas a una variedad de problemas diferentes, derivados de otros factores como el cambio climático, la sobreexplotación o el tráfico ilícito. La abeja y la luciérnaga, el colibrí y el ajolote, se suman a la lista de cerca de extinguirse.

La nota paradójica: Es necesario saber que como un conjunto de seres vivos y especies tenemos una interacción. Somos parte de una amalgama de células que pronto se convertirán en una evolución. Rodeados de organismos pluricelulares o unicelulares, tenemos que se calculan cerca de más de 30 millones de especies en la Tierra. Una cifra que puede aumentar porque no se conocen todas, a sabiendas de que algunas están en peligro de extinción. Hay organismos acuáticos y terrestres, de manera científica los seres vivos, en el reino de animalia o metazoa, constituyen un grupo de organismos eucariotas, heterótrofos, pluricelulares y tisulares. Pueden ser aerobios (viven con oxígeno en el aire o agua) y anaerobios (viven donde no hay oxígeno). Esta diversidad es macro y micro, parte de la organización, nutrición, metabolismo, reproducción, desarrollo, estructura, funciones y simetría. En fin, es fantástica la vida, que no podemos dejar de pensar que la biodiversidad es una materia esencial y verdadera. Celebremos que hoy observamos y respiramos, que el resto de nuestros sentidos están expandiéndose. El resto, es sólo un conflicto del raciocinio, somos una especie única que se permite tantas cosas como la autodestrucción y la destrucción.




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